Hoy les presento a Michelangelo Merisi, conocido como Caravaggio, desde 1606, hoy en la Galleria Borghese de Roma.
El lienzo, también llamado “Madonna della Serpe”, fue encargado por la Archicofradía de los Palafrenieri, los presidentes papales, y estaba destinado al altar de su capilla en la Basílica de San Pedro. Sin embargo, permaneció en su asiento solo unos días. Según Bellori, el arte de Caravaggio no podría haberse seguido porque era corrupto y poco bello, y en su opinión los episodios de remoción de sus cuadros serían la demostración más evidente de ello. A esto se suma que debido al homicidio de Ranuccio Tomassoni, con la consiguiente orden de aprehensión contra Caravaggio, se consideró inapropiado colocar el cuadro en la Basílica Vaticana. Además, el afán de coleccionismo del cardenal Scipione Borghese que, teniendo ya muchos cuadros de Caravaggio, creía que podía ser el último del gran artista, ahora condenado a muerte, y pensaba tomar posesión de él. Además, el cuadro fue rechazado por la Cofradía porque presentaba aspectos poco digeribles: el Niño desnudo y desmesurado sostenido por una virgen común que se inclina mostrando su pecho y con un rostro muy conocido en Roma, el de la modelo y amiga de la pintora Maddalena Antognetti llamó a Lena. Finalmente, la actitud indiferente y resignada de San’Anna, dueña de los Palafrenieri.
El lienzo muestra el pasaje del Génesis, en el que Dios se dirige a la serpiente con estas palabras: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la descendencia de ella: esto te aplastará la cabeza y te escabullirá sobre sus talones”. . El Papa Pío V en un documento se expresó así: “La Virgen aplastó la cabeza de la serpiente con la ayuda del Hijo”. Caravaggio demuestra este concepto con su poderosa icasticidad. Anna está presente en actitud contemplativa e inactiva, desapegada, su presencia está exclusivamente en función de María, que será la madre de Dios.
La escena está inmersa en una oscuridad casi total, representa la existencia del hombre aquí y ahora. Un rayo de luz en la parte superior indica la posibilidad de salvación que te ofrece Dios. Con Jesús y María puedes vencer la oscuridad que te rodea y que muchas veces incluso descubres dentro de ti mismo.
El mal aparece reptante, insidioso, viscoso, en forma de serpiente. ¿No es así exactamente como el hombre vive con el mal? Un mal que no siempre se ve pero que está cerca, a continuación, y que se arrastra justo entre nuestras piernas. Caravaggio para representar a la serpiente, siempre atento a la realidad, se inspiró en un cervone. Anna, a la derecha, representa a todos los hombres. Sus manos están cruzadas, su expresión ligeramente disgustada, contempla el mal con horror, pero sin poder realmente distanciarse de él. Cuantas veces notas el mal pero al mismo tiempo te seduce, sabes que te causa dolor pero no puedes evitarlo. Es la experiencia de Eva que conoce la prohibición de Dios de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal pero al mismo tiempo “vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y deseable” y por eso razón por la que no resiste la sugerencia de la serpiente y se la come. Observe este detalle nuevamente: el Niño con el medio y el pulgar de su mano izquierda traza un círculo perfecto. Debajo de la serpiente podría describir un círculo perfecto si estuviera unido pero está roto. El mal no puede ser perfección sino bien, que se identifica con Jesús.
María es presentada por Caravaggio como la nueva Eva y Jesús como el nuevo Adán, la antigua enemistad entre la mujer y la serpiente se expresa en el aplastamiento de la cabeza de esta última. María, una mujer popular, de mirada orgullosa y belleza sobrecogedora, con expresión facial perentoria, decide, trabaja, sabe hacerlo. Toma al Niño por debajo de las axilas, lo sostiene y empuja su pie sobre la cabeza de la serpiente para aplastarlo. El Niño la imita y pone su pie sobre el de ella.
La zona oscura determina el espacio cúbico de la habitación en la que se desarrolla la representación. Parece que María y Jesús dan un paso hacia la luz que, revistiéndolos plenamente, los revela, aportando un nuevo sentido de revelación que aclara todo el camino de la salvación en la historia. La puerta que se vislumbra a la izquierda es la puerta antigua del jardín del Edén, por la que fueron expulsados ​​Adán y Eva, pero donde el hombre es devuelto gracias a la infinita misericordia de Dios, que ha preservado a la Virgen para dar su Hijo Jesús al mundo Gracias por su atención.

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